Muchas veces he escuchado que "de los placeres sin pecar... el más rico es cagar", y ¿ no es cierto?. A muchos les parecerá escatológico hablar del acto defecatorio, pensarán en que es indecente y soez, pero es absolutamente necesario.
Ciertamente, todos excretamos, unos más que otros, pero finalmente todos usamos ese dantesco orificio de salida que tiene nuestro cuerpo. Si para eso fue concebido, para que salga ese material pardo (azafranado si estás infeccioso). No importa el grado de fealdad, la posición económica, la raza, sexo o edad, todos, absolutamente todos deponemos. Todos somos hermanos en el cagar. De hecho, me atrevo a ratificar que sólo hay otra función corporal que unifica a la humanidad entera: respirar. Lo decía José Coronado cuando nos vendía el yogur Activia, y también Paz Padilla, cuando nos exhortaba a comprar Panrico con fibra. Con toda la fibra y el bífidus que toman estos dos, debían evacuar estupendamente.
Y es que hasta las Galletas Fontaneda, con su exquisita banda sonora, nos venden su fibra como la octava maravilla del mundo.
Y además, todos compiten entre sí a ver quién evacua más y más rápido. El compromiso Activia, el desafío Allbran, y hasta el objetivo firmeza del Fitness de Nestlé. Productos con anuncios llenos de modelos, así como famosos de diversa índole, todos compitiendo a ver quién es más cagador. Ir al baño es para muchos, además de una necesidad fisiológica, un auténtico placer. Sexólogos afirman que el punto G del hombre se encuentra en el recto, a unos cinco centímetros del esfínter, justamente por donde pasa la materia fecal antes de conocer la luz. De su consistencia dependerá el grado de presión que ejercerá sobre la próstata. Esta presión es la que provoca el placer que ha llevado a muchos hombres a improvisar con frutas, utensilios moldeables e incluso bates de bésibol con tal de repetir la experiencia que la sabia naturaleza proporciona pero sólo a razón de, con suerte, una vez por día. Para algunos, el placer no es necesariamente físico. Hay gente que invierte entre 40 y 50 minutos en cada sesión evacuatoria, por lo que diversas actividades se realizan paralelamente para aprovechar ese tiempo que de otra manera estaría desaprovechado. Unos optan por leer un libro (incluso hay personas que han leído las obras completas de Nietzsche en tan sólo un par de semanas), otros prefieren ver videos porno en sus móviles, otros eligen tejerse un espantoso jersey de lana para el invierno y otros menos aprenden portugués leyendo los botes de champú.
Y es que hasta las Galletas Fontaneda, con su exquisita banda sonora, nos venden su fibra como la octava maravilla del mundo.
Y además, todos compiten entre sí a ver quién evacua más y más rápido. El compromiso Activia, el desafío Allbran, y hasta el objetivo firmeza del Fitness de Nestlé. Productos con anuncios llenos de modelos, así como famosos de diversa índole, todos compitiendo a ver quién es más cagador. Ir al baño es para muchos, además de una necesidad fisiológica, un auténtico placer. Sexólogos afirman que el punto G del hombre se encuentra en el recto, a unos cinco centímetros del esfínter, justamente por donde pasa la materia fecal antes de conocer la luz. De su consistencia dependerá el grado de presión que ejercerá sobre la próstata. Esta presión es la que provoca el placer que ha llevado a muchos hombres a improvisar con frutas, utensilios moldeables e incluso bates de bésibol con tal de repetir la experiencia que la sabia naturaleza proporciona pero sólo a razón de, con suerte, una vez por día. Para algunos, el placer no es necesariamente físico. Hay gente que invierte entre 40 y 50 minutos en cada sesión evacuatoria, por lo que diversas actividades se realizan paralelamente para aprovechar ese tiempo que de otra manera estaría desaprovechado. Unos optan por leer un libro (incluso hay personas que han leído las obras completas de Nietzsche en tan sólo un par de semanas), otros prefieren ver videos porno en sus móviles, otros eligen tejerse un espantoso jersey de lana para el invierno y otros menos aprenden portugués leyendo los botes de champú.
Se supone que este acto debería tener una duración de entre 2 y 5 minutos, pero existen miserables individuos que tardan hasta 30 minutos sentados en ese pedazo de losa fría, en el gran trono. Habrá quien entre con su ordenador al baño, otros optarán por tocar la guitarra o cortarse las uñas de los pies, e incluso habrá quien recita poemas de Espronceda.
Cagar es todo un arte, desde la revista o método de distracción que se escoge hasta ese momento de concentración donde fluyen las ideas, creatividad, retando a nuestro cerebro mientras nuestro cuerpo se purifica, para luego llegar al éxtasis. Pero, para lograr un buen estiércol, hay que engrasar nuestra maquinaria, dándole un sin número de comidas que servirán de gasolina. Tal vez el mejor combustible para lograr con éxito el acto es la cocina mexicana junto al agua no embotellada de Angola.
Jamás se debe que contemplar la obra que se ha realizado, pese a que existen quienes ponen nombre a su boñiga e incluso hasta la presumen con sus amigos. Muchas personas se preguntan cómo es posible que alguien soporte el olor al estar tanto tiempo en el baño. Muy simple. Para el que excreta su olor no es un problema. Es más, para algunos, incluso, es hasta un hedor agradable que recién se transforma en insoportable al mezclarlo con esos aerosoles con aromas tan estúpidos como “brisa de campo” o “aire de la montaña”.
Es necesario mencionar cual es su liturgia antes de terminar:
Buscar un sitio para evacuar, sirven váteres, detrás de un pino en el campo, o un campo de golf, dónde para mi, particularmente me produce mayor deleite; bajarse los pantalones; apuntar con el ano a la taza, retrete, váter,...; apretar con esmero el músculo ; balancearse de lado a lado si se padece estreñimiento; esperar a que salgan los frutos maduros de nuestras entrañas; limpiarse el culo con papel higiénico o con una hoja del campo; subirse los calzones; subirse los pantalones y tirar de la cadena o enterrar el moñigo en la arena.








