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miércoles, 19 de febrero de 2014

PILATES

Todo el mundo habla del Pilates y de sus beneficios, pero ¿ Qué cojones es?, ¿ Cómo diantres funciona ?, y sobre todo, ¿ Para qué coño sirve ?.
En el  pedagógico post de hoy, intentaré  responder a estos interrogantes, procurando desgranar cómo se puede aprovechar este mastuerzo método que cada vez tiene más adeptos.
El método Pilates, o simplemente Pilates, es un apasionante sistema de adiestramiento físico y mental concebido por  Joseph Hubertus Pilates, último descendiente conocido del palaciego linaje Poncio Pilates, célebre verdugo de Jesucristo, quien lo urdió basándose en el conocimiento de distintas disciplinas como la gimnasia, la traumatología o el yoga, adquiridos al rebozarse en la piscina de pelotas que un reconocido tabuco hamburguesil de pitanza nauseabunda dispone para la diversión infantil.
Este saludable conjunto de ejercicios, exentos de elegancia, dónde la mancuernas, los espeluznantes instrumentos de musculación, las torturadoras bicicletas estáticas y demás artilugios de exudación sádica son reemplazados por afrancesados listones o cintas de gimnasia, barriles circenses y pueriles balones de dimensiones astrolitas, ejercita cuerpo y mente, uniendo el dinamismo y el brío muscular con el gobierno mental, la respiración y la relajación.
Su principal objetivo no es la quema de calorías, sino robustecer la musculatura y aumentar el control, fuerza y flexibilidad de nuestro cuerpo, aunque, como todo ejercicio anaeróbico, supone un aumento en el gasto energético y, por tanto, también contribuye a mantener un peso equilibrado.
Los seis principios esenciales de este sugestivo método son control, concentración, fluidez, precisión, respiración y centro. Precisamente, con este último fundamento el Pilates hace referencia al abdomen, concebido como eje de fuerza.
El abdomen, conocido también en el argot ascético como mansión del poder, ejerce como centro de gravedad del cuerpo, junto con los músculos de la pelvis, lumbares, de cadera y de glúteos.
Se trabajan desde los músculos más recónditos hasta los tendones más epidérmicos. 
La rutina de ejercicios se basa en movimientos tardos, suaves, amariconados, con escasas repeticiones, pero de aritmética precisión, muy exigentes y perfeccionistas, que desgraciadamente, requieren de esfuerzo. En ellos se trabajan ángulos anatómicos y palancas fisiológicas concretas, y se deben realizar siempre, excepto en patologías asmáticas, al compás de la respiración, estando totalmente concentrado en los hiperflexos movimientos que se realizan.
Si bien a través de la combinación de las tradiciones oriental y occidental, Pilates consiguió crear una turbadora tabla de más de 500 ejercicios, la versión más extendida es el Pilates con balón o fitball.
El balón, de titánicas dimensiones, proporciona una base inestable, veleidosa e insegura y permite que más de un grupo muscular se active a la vez. El cerebro y los músculos se activan para concentrarse en el equilibrio mientras se realiza el ejercicio.
Al tener que hinchar a pleno pulmón el macrobalón, se aumenta exponencialmente la capacidad respiratoria y la eficacia del oxígeno.
Colocando  la pelota debajo del abdomen y deslizándonos cual hámster de jaula hasta que ésta esté debajo de rodillas o espinillas, estimularemos los músculos estabilizadores pélvicos, escudo protector de la columna vertebral.
Acomodándonos sobre el balón y deslizándonos gilipollescamente hasta que éste quede bajo la parte inferior de la espalda, tonificaremos los músculos de hombro y el cartílago omóplato.
Son estrambóticos movimientos de bajo impacto y no es necesario piruetear ni recrearse, por lo tanto no se corre riesgo alguno de lesiones medulares.
Sentándonos sobre el esférico con los pies separados a la altura de los hombros y contrayendo los músculos del estómago, eliminaremos esos molestos gases intestinales y estimularemos la velluda región glútea, evitando dolores de espalda y facilitando el movimiento de caderas.
Estirándonos en el suelo con los brazos en posición relajada, colocando los pies sobre el balón, de manera que éste esté debajo de las pantorrillas, conseguiremos la alineación correcta de la columna, evitando que la espalda se arquee.
Es indudable pues que esta fascinante disciplina desarrolla la fuerza lumbar y abdominal, mejorando la flexibilidad y amplitud de movimiento, aliviando dolores espaldares, ayudando a identificar sensaciones de tensión y relajación, y por supuesto, fomenta el vínculo con el balón de látex, estableciendo con él una conexión mística, un lazo empíreo y amartelado.

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miércoles, 29 de enero de 2014

HARTO

Estoy harto.
Estoy harto de esta dictadura travestida de democracia.
Estoy harto de esta antediluviana recua de desmañados que afirman gobernarnos. 
Estoy ahíto de  estos mentecatos con ínfulas fascistoides en lo social y sin rumbo lógico pero sí ideológico en lo económico, que apoltronados en púlpitos, altarejos y juzgados ejecutan retrógradas medidas que mutilan aquello que tanto nos costó: la conquista del progreso.
Estoy hastiado por el desempleo, indómito jinete del Apocalipsis, que nos está zambullendo en una indigencia no vista desde la posguerra.
Cabreado con las autopistas sin coches. Colérico por los flamantes aeropuertos, yermos decorados de cartón piedra sin aviones,  que exhiben estatuas honrando al fachoso promotor, enojado por los despilfarros sin culpables.
Estoy harto del rescate a la banca, del griego que Grecia hace con el euro, de la prima de riesgo, de los improcedentes recortes, de los leoninos desahucios.
Cabreado con la ley del aborto, enésima medida de retroceso inaceptable, empachado de toxicómanos, fulanas y adúlteros, adalides de la prensa rosa.
Estoy harto de sufragar los emolumentos de una monarquía caduca y desvencijada. Harto de la troika, de la 'moderación' salarial, de la 'movilidad exterior', del copago sanitario, de las indemnizaciones en diferido, de la evasión de capitales de las grandes corporaciones que imploraron la reforma laboral, de la hija celíaca del propietario de Mercadona.
Hastiado de que, bajo patrias banderas, se monopolice el pensamiento. Estoy harto de adargas, de porras, de cargas policiales, de que los garrotes sometan a las palabras. 
Indignado por el tráfico de influencias, por la contabilidad furtiva, por el latrocinio de guante blanco del peculio público, por las nirvanas fiscales y por la jubilación anticipada con sazonadas prestaciones.
Estoy harto. Harto de los que están hartos. Harto de los hartos cabreados con los que están hartos.
Los mentecatos, las cabezas de turco, somos nosotros,  los ciudadanos. Adolecemos de coraje, de espíritu francés. Incluso, de dos dedos de frente. 
¡ Por favor !.
En este país hay problemas más importantes:




miércoles, 27 de noviembre de 2013

PUBLICIDAD SUBLIMINAL

La publicidad, junto a Dios Todopoderoso y Hacendado, es omnipresente.
La eximia frase de Robert Guerin: “El aire que respiramos es un compuesto de oxígeno, nitrógeno y publicidad”, ilustra que el reclamo aparece, de forma recurrente e ineludible, como elemento consuetudinario en todos los ámbitos nuestra vida. 
Como contaminación ocular, polución ideológica, informativa o inoculación visual, la publicidad, carburante ideológico del librecambismo, mancilla nuestro amansado cerebro.
Dicha ubicuidad hace que no reparemos en su pernicioso efecto puesto que generalmente no prestamos a la propaganda mucha atención. 
Pero seamos conscientes o no de su presencia, ésta se propala hasta lo más recóndito de la psique del individuo y ejecuta coerción psicológica sobre su voluntad mediante la canalización interesada de las emociones, de los sentimientos, de los deseos, de los temores. 
El individuo cree que actúa libremente, que gobierna sus dictámenes e ideas, pero obra incitado por estímulos o impulsos inconscientes.
El perverso papel de la publicidad es el del adiestramiento de las masas, el vasallaje del hombre a los imperativos del consumo, y la manipulación y sometimiento del ser humano a las grandes corporaciones.
El culto al consumo irracional no puede dar como resultado sino un sujeto manipulado, subyugado y cercenado por un mismo patrón de antemano planificado, un individuo esclavizado sumisamente a los mercantilistas intereses de los que poseen los resortes del poder de la publicidad. 
Y es en la contienda por definir nuestra elección de compra donde el mensaje publicitario se vuelve agresivo.
La incesante búsqueda de potenciales consumidores hace que la publicidad precise constantemente de nuevas y pedigüeñas fórmulas para llamar su atención y destacar sobre los productos de la competencia.
Una de ellas es la  publicidad subliminal.
La publicidad subliminal es un trapacero e insidioso método, transgresor de toda norma ética, que utiliza arteras técnicas de producción de estímulos limítrofes con los umbrales de los sentidos o mediante la taimada utilización de mensajes que actúan en el subconsciente de forma imperceptible a todos los sentidos, pretendiendo influir en la conducta del público objetivo, con la finalidad de lograr la venta del producto.
El mensaje está hábilmente encriptado de forma que el individuo no es consciente de que está recibiendo publicidad de un producto.
Un fotograma, totalmente imperceptible a nuestra percepción sensorial visual, o un sonido que se oculta en un estímulo auditivo son los claros ejemplos de tan adulterina práctica de neuromárketing.
Veamos un indecoroso y reciente ejemplo.
Como todos ustedes conocerán, en el conmovedor y emotivo anuncio de este año de la Lotería de Navidad, cinco conspicuas eminencias musicales del país, aúnan sus voces para interpretar la vibrante 'Canción de la Navidad', consiguiendo con éxito regresar al espíritu primigenio de tan entrañables fechas.
Visualicen el siguiente vídeo. 
(Absténganse enfermos cardiovasculares o quienes sufran ataques epilépticos fotosensibles).


En apariencia, este candoroso anuncio destila emotividad, ternura, apacibilidad. 
Admítanlo, alguno de ustedes habrá tarareado con mayor o menor destreza la balada e incluso otros, habrán derramado párvulas lágrimas. 
Presten atención al siguiente fragmento del mismo anuncio. Si detectan o escuchan algo inusitado, escríbanlo en una hoja de papel.



¿ Y bien ?.
Tonos cálidos, entrañable alumbrado por la luz de cientos de velas, emotivo soniquete de los Niños de San Ildefonso e incluso cegador centelleo irradiado por la nívea dentición de Miguel Rafael Martos Sánchez, Rapahel, pero ni rastro alguno de publicidad subliminal.
Procedamos a desenmascarar este reclamo publicitario.
Cualquier anuncio es proyectado a razón de 25 imágenes o frames por segundo, exactamente el mismo número de fotogramas por segundo que un ojo humano sano es capaz de retener. ( 18 imágenes para estrábicos  y miopes ).  
Conocedores de dicha limitación visual, las codiciosas corporaciones utilizan innovadoras técnicas que les permiten exhibir sus campañas de publicidad a razón de 100 frames por segundo, utilizando hábilmente las 75 imágenes no retenidas por el ojo humano para incrustar el producto que quieren vender.
Ayudados por una de los numerosas y gratuitas herramientas que el ciberespacio nos brinda, desmenuzamos por imágenes este fragmento, obteniendo el siguiente resultado.
Juzguen ustedes mismos.
Cabrones manipuladores...





miércoles, 16 de octubre de 2013

ACUPUNTURA

La acupuntura es un taumatúrgico procedimiento terapéutico, perita y avezada aleación de ontología y técnica, de análisis metafísico y práctica, de crédulos dogmáticos y caricatos santeros, utilizado para la sanación de cualquier afección humana. 
Según la medicina tradicional China, existe una energía vital llamada Qi, qi circula de manera perenne por el cuerpo humano, tanto por la corteza corporal como por los órganos internos trazando trayectorias de movimientos conocidas como meridianos, cada uno de los cuales corresponde a una víscera o sistema orgánico.
La enfermedad se origina a consecuencia de un anómalo desequilibrio entre las dos fuerzas que vertebran el cuerpo humano, el yin y el yang; dos polaridades dinámicas y complementarias, y dicha asimetría bloquea el flujo de la energía neurálgica.
El restablecimiento del equilibrio del organismo es la base, el único principio para la curación.
Esta ancestral técnica de vudú cantonés, considerada ya en los añejos textos sagrados como milagrosa, consiste en insertar con denuedo una serie de recios y mágicos alfileres en la epidermis del paciente, a distintas profundidades, para espolear puntos estratégicos del cuerpo.
Las finísimas y oxidadas agujas de metal, de 3 a 125 centímetros de largo y usadas en frío por lo general, conocidas como filiformes, son la herramienta principal en los efectivos tratamientos de acupuntura.
Cada aguja, o florete taurino utilizado en patologías graves, se inserta en concretos puntos del cuerpo, dependiendo de la patología a tratar, con el fin de restaurar el flujo y la armonía de energía de nuestro organismo. Estos pinchazos, brutales y desgarradores,  están auspiciados por las leyes cosmogónicas chinas.  
Durante el etéreo tratamiento, el ingenuo paciente se acuesta apocado en una camilla, habitualmente salpicada de plasma del enfermo anterior, ya sea boca abajo o arriba. Le insertan las agujas, no siempre esterilizadas, y permanece estúpidamente con las fíbulas hincadas de 15 minutos a cuatro días aguardando que éstas hagan su milagroso efecto.
Pese a no tener corolarios secundarios, a excepción del atroz dolor en el momento de la estocada o desangrado al extraer los punzones, se han documentado algunos casos en los que el paciente ha sufrido neumotórax o perforación ventricular.
Este holístico y analéptico procedimiento es capaz de transmutar la química del cerebro, influyendo en la liberación de neurotransmisores y hormonas, y alterando las funciones del sistema nervioso relacionadas con mecanismos involuntarios del organismo. La glándula pituitaria y el hipotálamo son responsables de la liberación de endorfinas, hormonas naturales del cuerpo humano que funcionan como analgésicos. Por lo tanto, el proceso que comienza con el vándalo agujereo de una zona específica del cuerpo y continúa con la liberación de hormonas que alivian el dolor, concluye con la restitución del equilibrio interior, y por consiguiente, la sanación de la enfermedad.
La acupuntura es útil en todas las patologías. 
Es fascinante comprobar como aquel trastorno que nos está produciendo un lacerante sufrimiento mejore y desaparezca en unas sesiones.
Infinitas tesis científicas avalan la efectividad de la acupuntura en el tratamiento del dolor y en la curación de enfermedades, y está indicado su uso, por ejemplo, para sanar la lepra o el canibalismo. También se emplea en afecciones como sinusitis, fimosis, migraña, alopecia púbica, adicción a la ingesta de papel higiénico e incluso con quienes quieren contactar con seres alienígenas.
Testimonios reales:


Paco Trujillo. 63 años. Testador de preservativos.
Miopía, conjuntivitis, hipermetropía y astigmatismo.
"Perdí mis dos ojos en una partida de póquer. Tras una invasiva y cara intervención de 14 horas, un reputado oftalmólogo consiguió transplantarme los ojos de un topo caucásico. Perdí toda capacidad para percibir pequeños detalles, los puntos ciegos, las moscas volantes, los halos. Con los años, mi vista se tornó borrosa, distorsionada, casi inexistente. Tenía que llevar unas aparatosas lentes cuyos cristales medían 10 cm. de grosor. Tenía que guiarme por el olfato. Me sometieron a facoemulsificación, cirujía extracapsular e intervenciones refractivas sin éxito. Estaba muy deprimido y una tristeza y angustia muy oscuras anidaban en mí, implacables y constantes.
Decidí quemar mi último catucho: la acupuntura. No me gustaban demasiado las agujas, pero tenía que probar. Ya en el primer mes el resultado fue espectacular. En dos meses no solo había recuperado la totalidad de mi visión sino que podía ver a través de las paredes!.
Las sesiones de acupuntura reconectaron mis meridianos e hicieron fluir mi energía a diferentes niveles.
Mi oculista no podía creerlo! Se sintió tan sorprendido por mis avances que me dijo  que nunca había visto nada parecido antes.".


Jéssica Castillo. 28 años. Modelo y bailarina.
Dolores menstruales.
"Desde muy jovencita tenía el período irregular y en los últimos años llegué a tener retrasos de casi un semestre, con expulsión de flujo oscuro, mucho frío en manos, sangrado en las encías, sensación de cansancio habitual y cefaleas recurrentes. Conocí al maestro Ho Wun Choy, un encanto como persona y terapeuta, y me beneficié en sus  consultas de la acupuntura además de los remedios para mi dolencia. Son productos naturales, sin efectos secundarios. Empecé a tener reglas más abundantes y regulares de lo habitual en mí y de color más rojo vivo. ¡ Incluso puedo bañarme con la sangre en la bañera !. Tenía otros síntomas como dolores abdominales, pechos inflamados, mutación cutánea... Y esto también ha mejorado notablemente, ya que aunque hay días agotadores, me recupero en muy poco tiempo.".


Manuel Sarasa. 35 años. Funcionario público.
Disfunción eréctil e infertilidad.
"Desde los 13 años he sufrido problemas de erección, sintiéndome no hombre, un ser cabestro, un ente eunuco, pero tras 22 años sufriendo en silencio un flagelo insostenible, decidí probar la acupuntura  y ahora soy un toro insaciable!.
La acupuntura también nos ayudó a concebir. Estamos tan sorprendidos y felices con los tratamientos de acupuntura. Después de intentar toda clase de tratamientos para la infertilidad, solamente la acupuntura pudo ayudarnos.
Mi pareja está embarazada de 8 meses, y  ¡Whow … esperamos quintillizos!. Estamos tan y tan contentos…
Recomiendo a todo el mundo la acupuntura, un grato descubrimiento en mi caso. A priori es lógico que pensemos que dolerá, pero si confías en tu terapeuta y no vas nervioso compruebas que no duele.".


Froilana Tocino. 42 años. Probador de panderetas.
Ansiedad y arrebatos homicidas.
"Yo había oído hablar de varias terapias alternativas, pero sin conocimiento profundo de ninguna de ellas a excepción de la reflexología rectal, probada tras asesinar a  mi suegra.
Aún así, por compañeros de trabajo tenía muy buenas referencias, sobretodo en tema de acupuntura para dejar de fumar.
Recuerdo especialmente una sesión en la que acudí en medio de una gran crisis de ansiedad, derivando ya en incontrolados impulsos homicidas. En aquella ocasión combinaron la acupuntura con el reiki, y me cuesta explicar cuánto bien me hizo, pues me sentí de repente como teletransportada al útero de mi madre, flotando en el medio acuoso. No pude evitar abrir los ojos y llorar abrazando al médico al final de la sesión. Obviar decir que la ansiedad disminuyó de forma inmediata y que el terapeuta descansa ya bajo tierra.".


Florencio Usías. 41 años. Empresario mamporrero.
Artrosis e hiperlaxitud articular inferior.
"Jugueteando con una sierra eléctrica, sufrí una pequeña pero molesta amputación de parte de mi pierna, a la altura del menisco, bajo la rodilla, que me dejó cojeando y sin una pierna. Las alternativas eran dos: operar para insertar una prótesis postiza, que descarté como última opción, o reposo absoluto durante varias semanas, algo que debido a mi trabajo no podía hacer.
Con una pierna menos y cojeando, llegué, receloso, a la consulta de un prestigioso acupuntor recomendado por un familiar. Sustituyó el reposo por la digitopuntura y en cuestión de días mejoré un 100 % hasta tal punto que dos semanas después no solo habían desaparecido los dolores, sino que de la cicatriz de rodilla rebrotó una pierna nueva!.”.

Marceonilia Jaén. 33 años. Peluquera en paro.
Depresión y estreñimiento.
"Mi tráfico intestinal se había lentecido impidiendo que pudiera evacuar con regularidad y cuando podía hacerlo, una vez cada quince días, las heces que expulsaba eran del tamaño de un ladrillo, con los consiguientes desgarros anales que esto ocasionaba. Gracias a la acupuntura, pude regular la frecuencia defecatoria y emblandecer las heces.
También me ayudó con la depresión. Tras mi injusto despido quedé inmersa en una profunda depresión y unos ataques de ansiedad que no me dejaban ni dormir, ni razonar, ni dejar de pensar, y sobre todo, no era capaz de sonreír. Cada día estaba más débil y más triste, donde mi único consuelo diario era dormir y desconectarme del mundo. Tenía que pedir ayuda…Después de tres o cuatro sesiones con un psiquiatra, decidí optar por una terapeuta acupuntor. ¡¡Qué acierto!!. Fueron dos semanas de terapia más o menos continuada que me cambiaron la vida y sobre todo, me cambiaron a mí. Gracias a la acupuntura logré superar el estreñimiento, la depresión y ¡ conseguí trabajo!.".


Anastasio Prepuzio. 39 años. Capullo.
Ninfomanía.
"A los 9 años me diagnosticaron un comportamiento sexual compulsivo, un trastorno de hipersexualidad. Sentía desbocados deseos de fornicio. Advertí ingobernabilidad sobre mi vida, no había control.  Bastaba con ver de reojo un escote o un perfil curvilíneo en el pasillo del aseo para desencadenar una marcha inmediata al burdel más cercano. Copulaba con hombres, mujeres, frutas, animales silvestres o cualquier superficie blanda que lo permitiese.
Fue una adicción que me aisló. Visité el infierno. Me obligó a irme de casa y me mantuvo en un régimen de placer solitario que una vez me hizo masturbarme cien veces en un mismo día. Entendí que necesitaba ayuda. Acudí a un psiquiatra y un sacerdote. Sus terapias grupales no funcionaron. Después de tratarme con la medicina normal y de meses sin resultados evidentes, decidí finalmente acudir a un centro de acupuntura. Con 200 sesiones de acupuntura y 8.000 € menos conseguí controlar mis impulsos copulativos. Pese a que la terapia me resultó algo dolorosa, hoy puedo decir que llevo 2 años en la más absoluta castidad.” .




miércoles, 3 de julio de 2013

MODELOS CABRONES

Desfilan y avizoran como gánsters narcisitas dispuestos a pasar un rato solaz en la piscina de Al Capone después de rematar algún sangriento encargo en el Chicago de la ley seca.
Son guapos, acaudalados, membrudos, galanos, musculosos, de abdominales de cemento armado. 
Cabrones.
Si se quitasen el sombrero y las prendas, y seguidamente les brotasen de la espalda plumosas y níveas alas, nos hallaríamos ante un grupo de atléticos querubines preparados para posar en el taller de un Michelangelo ávido de crear esculturas de rasgos efébicos.
Es muy tenue la frontera entre el candor y la picardía. Basta una sonrisa maliciosa de morueco aldeano para que este celeste serafín adquiera las trazas de un leviatán irresistible.
Estos prodigiosos muchachos, dignos de reinar cualquier selva, se encargan de presentar en las pasarelas de Milán, París o Nueva York la colección de moda masculina de una prestigiosa marca.
Sí. Son los modelos publicitarios. 
Aquellos individuos, cabrones, que jamás encontramos en el supermercado, en la ferretería o en el IKEA. Esos personajes con los que nunca nos cruzamos por la calle, ni coincidimos en la panadería o en la charcutería.
Y te observas ingenuamente frente al espejo, enfundado puerilmente con sus prendas y te cercioras, cabreado y contrayendo una actitud derrotista, que no eres tan atractivo como ellos, que la ordinariez reina tu vida.
En una cultura tan sexista, ancorada en lo visual, la apariencia física juega un rol muy importante. Lo percibimos especialmente en medios de comunicación. Dichos medios promueven estereotipos falaces, despertando un pueril interés en las personas. Todo esto lleva a que la sociedad discrimine a aquellos que no cumplan estos arquetipos. Es una cultura condicionada estéticamente, dónde ser atractivo es el engranaje para alcanzar la propia seguridad, convirtiéndose en un indicador social de estatus, éxito y felicidad.
Así, en los últimos años, la delgadez y el atractivo físico se han vuelto un ideal a seguir, y la obesidad y el desaliño facial conforman un estigma.
La realidad, no obstante, revela que los individuos normales hemos sido afligidos atrozmente por la herencia genética o simplemente hemos sufrido una errónea mutación darwiniana en nuestro decrépito cuerpo.
La gente corriente es fea por naturaleza. El varón es antiestético, desagradable, repugnante, indecoroso, excluido de la reserva genética de la humanidad. 
Es así. No hay que derramar lágrimas ni rasgarse las vestiduras.
Para nuestro consuelo la gente del montón es intrínsecamente fea.
Somos seres cuyos rostros amplían el significado de la palabra crueldad; personajes de horribles y espantosas facciones, excomulgados, rechazados, implacablemente repudiados;  individuos cuyos rasgos injurian a la propia creación, con facciones abstractas concebidas en los más lúgubres sueños de Lucifer
Poseemos cara de roedor con disentería,  ojos asimétricos y dientes de castor. Rostros nauseabundos, vejadores de la sensibilidad, exentos de encanto y prodigalidad, infames, estiercolizantes, que incitan a la regurgitación, estimulantes de la náusea, inmarcesiblemente vergonzosos, con el toque pernicioso de la bestialidad, paridos en la mente de un psicópata. 
Con medidas y hechuras políticamente incorrectas, e índices de masa corporal incompatibles con el Discóbolo de Mirón, estoy esperando en la parada del autobús.  
Observo a los transeúntes. Allí están. Bajitos, alopécicos, mórbidos, sudorosos, conscientes de su desventaja física. Estresados, repugnantes, hediondos e inmundos, damnificados por su baja autoestima.
Lanudas orejas como velas de un bergatín. Piel con porosos despeñaderos de estrías. Narices tendenciosas, ladeadas, caprichosas, rociadas, a veces casi inexistentes como una calavera. Ojos atemorizantes, estrábicos, carentes de pestañas. Bocas rodeadas de vello, comisuras colonizadas por larvas salivales,  con ambarinos dientes quebrados.
Cada uno abstraído en su vida, obligación y devenir, pero feos retraídos, todos feos, aquejados por el complejo de inferioridad.
Levanto la vista y advierto una marquesina con un sonriente modelo de ropa interior  cuyo geométrico cuerpo parece haber sido tallado en mármol. Me mira burlón, por encima de mi hombro, con arrogantes ojos déspotas y régulos. Ese desgraciado ha gastado en un mes en peluquería y gimnasio lo que yo gano en media vida.
No quiero sentirme minimizado por aquel vástago de deidad helénica.
Consciente de mi desventaja corporal y adquisitiva, devuelvo la mirada a esos ojos colmados de grandeza, que intentan demostrar su supremacía sobre los demás.
-  Yo no soy tan guapo, pero,,, ¡ tu no sabes hacer esto, cabrón!:



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miércoles, 24 de abril de 2013

OPERACIÓN BIQUINI EN 5 DÍAS


Cogí el último muslo de pollo, pútrido y oleoso, me lo llevé a la boca y lo engullí con voracidad, mientras la grasa chorreaba por la barbarilla, deslizándose por mi ciclópea papada. Lo acompañé, como no, con bebida rica en azúcares. Sudaba. Mi mantecosa piel brillaba como la carcasa de un vehículo recién encerado. Tenía hambre, mucha hambre. Deglutía como un mamut esmirriado. Los pliegues debajo de mi mentón, se hinchaban y deshinchaban como las de un asqueroso sapo, dejando al descubierto unos quebrados dientes amarillentos, en los que se podía untar de mantequilla una barra de pan entera.   
Desmigajé algo de papel de periódico y limpié el borde del asiento del retrete. Me bajé el tanga y me dispuse a orinar. El dolor al hacerlo fue insoportable. Cuando terminé, miré perplejo el inicuo resultado. Había sangre oscura y piedras renales del tamaño de garbanzos. Otra vez. La gonorrea estaba en su fase avanzada.
Con evidentes dificultades de movimiento, al ritmo de mis jugos gástricos, me subí a la báscula y su chancero rostro susurró: 174 Kg.
Con el ceño fruncido, miré con pudor  mi mórbido cuerpo, aquellos escasos 152 centímetros de glucídicos rebosantes de moléculas adiposas, ese rico ecosistema colmado de colesterol y lípidos fermentados, entendiendo por qué de pequeño mi madre me tarareaba las nanas por walkie- talkie.
Quería huir de aquella horrenda imagen, como lo hacen las fétidas cucarachas buscando la salida de la letrina en el ardiente verano.
- ¡¡Gordo seboso!!- fue el primer aullido fiscalizador que recibí del espejo del aseo.
Mis formas se habían licuado en una grotesca corteza que mostraba características siniestras, como las de un orondo cachalote.
La piel se mostraba tirante por el irreversible aumento de mi volumen perimetral, marcando mi rostro con ramales de estrías. La concavidad de mis voluminosos y caídos senos, colonizados  por costras de sangre sobre lesiones recientes, impedía que pudiera ver mi pene. La barriga, repugnante, repulsiva y grande, como la de una embarazada, estaba cubierta de pelos gordos, sucios pelos de insecto de medio palmo de largo y gruesos como un alambre. Los brazos, ampulosos, cuasi-leprosos, cubiertos por untuosas llagas, brillando como si fueran de nácar, apenas podían estirarse, emergiendo del torso como viscosas protuberancias.
Era como un embutido, tal vez como una albóndiga, con cabeza, pies y manos. 
Quería que aquello fuera una mera ilusión, un delirio sufrido entre resacas y sueños, pero  la vulgar verbalización de un mórbido defecto de la fisonomía humana, era en mi caso, la pura, cruel y horrible verdad: Estaba obeso.
Mi viscosa complexión era el perfecto canon del ser ahorrador de energía, un individuo que contradecía los principios básicos de la estética, la lacerante antítesis de las estatuas talladas en mármol por legendarios escultores helénicos.
Cabreado, encendí el ordenador y comencé a aporrear torpemente su teclado, incitado por un impulso de obstinación: Cómo cojones adelgazar.
Vídeos, libros de autoayuda, siniestros artilugios, revolucionarias píldoras rectales, todas ellas de previo pago, decían solucionar milagrosamente el problema de sobrepeso.
Al tener todos mis ahorros en un banco de esperma, y ante la imposibilidad de costear los servicios de un endocrino,  decidí poner en marcha un astuto método casero, que en apenas cinco días, me permitiría perder esos 100 kg. que me sobraban. Apliqué mis avezados conocimientos en medicina nutricional para diseñar una dieta de shock, para eliminar la grasa corporal sin incrementar la masa corporal magra y la tasa metabólica:

Día 1: 
100 gr. de pollo + 200 gr. de verduras al vapor con especias + 25 gr. de pan integral + infusión de comino, anís e hinojo.
8 horas ininterrumpidas de salto con cuerda, con todo el cuerpo envuelto en celofán.

Día 2:
100 gr. de pescado a la plancha aderezado con especias (cardamomo, comino, azafrán y mostaza) + 200 gr. de kiwis a la vinagreta + 2.500 gr. de laxante genérico.
Dormir en la sauna.

Día 3:
1 ración de verdura al vapor (guisantes, alcachofas, brócoli, judías verdes, berenjena y calabacín) + 25 gr. de testículo picado de murcíelago + 1 infusión de cicuta.
Lijado del perímetro estomacal con un rallador de verduras.

Día 4:
100 gr. de pasta integral con 50 gr. de almejas + 1 hamburguesa vegetal de tofu de 50 gr. , aderezada con una especia + 25 gr. de algas marinas, todo ello, suministrado por vía rectal.
Intento de autofelación. 100 series de 100 repeticiones con 3' de descanso entre cada una.

Día 5:
Sutura de los labios con hilo quirúrgico y administración del alimento mediante un tubo de goteo por la nariz. 
Hidratación generosa del cuerpo con extracto de hiedra, roble o zumaque.

Hoy, una semana después de esbozar mi brillante dieta, puedo afirmar que ha funcionado,,,






miércoles, 27 de febrero de 2013

LA ERECCIÓN MATINAL

Esta mañana me desperté sobresaltado, amedrantado, estúpidamente turbado. No es que hubiese sorprendido a un  sicario kosovar intentando robar impunemente mi colección de discos de Falete, ni  porque me hubiera despertado el jodido camión del tapicero.  El caso es que me he tenido un despertar impetuoso, incómodo y molesto, con una enorme erección, testaruda e implacable, tal tienda de campaña, rivalizando fervientemente con la Torre Eiffel, que una vez más, me ha obligado a orinar como una pulcra damisela. Al no tener nada con que aliviarme, opté por relajarme con un método algo rústico pero tremendamente eficaz: una ducha fría y pensar en el caduco Benedicto XVI vendimiando. 
La erección matutina, según los expertos,  se describe como la expiración de una serie de hercúleas erecciones nocturnas. En promedio, un hombre sano, puede tener entre tres y cinco erecciones en una noche de sueño, durando cada una de éstas entre 20-30 minutos. Yo tengo 150 erecciones, por lo que debo estar hecho un toro.
Es un mito común creer que el endurecimiento matutino del pene es causado por evitar orinarse en la cama. Por experiencia, puedo afirmar que esta hipótesis es un solemne embuste. Lamentablemente yo, con canas en el vello testicular, todavía me orino en la cama y me levanto empalmado como un mamut en celo. 
A pesar de que la causa exacta de la erección matutina es desconocida, se sabe que se encuentra estrechamente relacionada con el sueño REM, ( no confundir con el decrépito grupo musical), período del dormir acompañado de intensos e interesantes cambios: movimientos rápidos y astutos de los globos oculares, aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, vivencias orgásmicas y erecciones que tienen características especiales en calidad y en frecuencia de aparición de acuerdo con la edad y la salud del individuo.
Muchas son las teorías sobre este apasionante fenómeno, y algunas rozan la fantasía sideral; que si es porque uno se ha pasado la noche teniendo sueños eróticos, que si es porque se sufre algún desorden psicosexual, o por una accidental sobredosis de Viagra.
Recientes investigaciones de la erección matinal no han encontrado diferencia alguna entre las erecciones matutinas de hombres adultos con las de los hombres jóvenes.
Otras investigaciones, aún más novedosas, han mostrado un declive gradual en la presencia de erecciones matutinas. Algunas muestran un decaimiento en cuanto a la rigidez y el tiempo de la erección, pero no en la frecuencia de erecciones.
Una de las razones por las cuales el tema de la erección matutina ha atraído a los investigadores es por la relación de ésta con la disfunción eréctil, siendo entonces una herramienta que podría guiar a distinguir la causa física de la disfunción eréctil. En cualquier caso, no se han hallado todavía los motivos de este fenómeno varonil.
Aturdido al no encontrar explicación a dicha carnosa rigidez,  decido preguntárselo a mi pene:
- Buenos días, pequeño bastardo!- susurro mirando fijamente mi pubis mientras me levanto de la cama estirando los brazos.
- Ya era hora, mamarracho!. ¡Vamos, espabila, tienes que ir a trabajar!- me grita visiblemente enojado mi pene. Pese a sus liliputienses dimensiones, su voz es recia y varonil. 
- ¡No me lo recuerdes, cabronazo!-le contesto en un tono un tanto desesperado.
- ¡Venga, levanta miserable mamón!- exclama mi falo tieso como una estaca.
- ¡Cállate!- le grito tirándole la almohada. No puedo evitar vociferar, incorporarme y darle una brutal colleja, haciendo saltar las costras que colonizan el glande.
¿Por qué me puteas cada mañana, miserable trozo de carne?- le pregunto  contrariado.
Él esboza un leve sonrisa y me contesta: -Lo tienes merecido, maldito perturbado. Por hacerme vomitar tres veces al día con las jodidas duricias de la palma de tu mano izquierda!!!-. 
-¡Ja Ja! ¡Te has sonrojado!- añade burlescamente mirándome a la cara.
- Que te calles!!!-  exclamo mirando hacia otro lado, notando cierto ardor en mis mejillas.
- Por no hablar de los cachetes que me das varias veces cuando meas. O cuando me encierras en ese amasijo de tela fermentada, tal nido de golondrina, que me ocasiona cefaleas constantes. Y aquella gonorrea que me regalaste en aquel antro de lujuria y anonimato -  reprocha el jodido apéndice fálico .
- Cállate!!.  No quiero escucharte!!. Te voy a cortar la cabeza!!!-  advierto a mi glande.
- Y te seguiré puteando. Cuando te pongas unos pantalones de lycra, cuando vayas al urólogo o en la ducha del gimnasio. Me tendrás ahí, formando un perfecto ángulo de 20º en dirección al cielo- añade en tono burlesco.
Intento, en vano, pensar en pus amarilla saliendo del ojo de un perro muerto, sintiéndola, saboreándola, oliéndola, a fin de mitigar la tensión de mi pértiga.
- ¿Qué machote, no hay pensamiento que me deshinche, eh gilipollas?- exclama mi miembro intentando desconcertarme.
El sudor se apodera de mi seboso cuerpo. 
Penetro mi recto con un cactus apaisado, tratando de aminorar mi pavor frente a la humillación eterna que se avecina. Me doy cuenta que la erección se vuelve blanda, flácida, mezquina.
Miro con sorpresa cómo mi pene se va miniaturizando y le entra un estado de pánico escénico máximo. Sin duda aquello no le gusta. Procedo a realizar movimientos circulares con la jodida planta espinosa, comprobando como la voz de mi falo se va apagando, a medida que su piel adquiere una tonalidad amarillenta.
- ¿Y ahora qué, uniojo, no dices nada?- pregunto con cinismo, esbozando una sonrisa vencedora.
Mi pene ya laxo, débil y colgante, apenas puede articular palabra. He conseguido dominar a esa gran enemiga, a esa traidora, la erección matutina.
Procedo a realizar otro de los grandes enigmas: la deposición fecal matinal. Cago sangre.
Mañana tendré que hablar con mi esfínter.



viernes, 11 de enero de 2013

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

La semana pasada comenzó el nuevo año, y tras la pertinente y copiosa celebración, con nutrida comilona y abusos etílicos, tocó establecer objetivos para los próximos doce meses. 
365 jodidas e interminables jornadas. Un año tiene demasiados días como para tentar a la suerte, especialmente en 2013. 
Y es que  cada año, el 31 de diciembre, cuando el reloj marca las 12 campanadas, formular pueriles deseos que hablan de futuras promesas y sueños por cumplir son algo tan típico como el asqueroso turrón o los grotescos villancicos. 
Generalmente, un nuevo año significa cerrar un ciclo, para empezar otro en el que esperamos lograr una serie de objetivos, sueños o metas y, para lograrlo, nos planteamos una serie de utópicos e insensatos propósitos que, la mayor parte de las veces, abandonamos a los pocos días o semanas de haberlos planteado. Muchos de éstos se repiten año tras año y al final no somos capaces de cumplirlos y es cuando lo que fueron objetivos para el año anterior se convierten en aspiraciones para el año nuevo y, con ello, vuelta a empezar. Sí. Somos así de gilipollas. 
Un nuevo año sugiere nuevas oportunidades, y todos pensamos en cosas que podemos mejorar. Unos quieren que la vida les sonría, y saben que en parte depende de ellos mismos: dejar de fumar, aprender euskera con los productos Eroski, adelgazar, ganar una medalla de oro olímpica en esgrima, dejar de trabajar para dedicarse full-time a la bebida, aprender corte y confección. Otros, ilusos en la mayoría de casos, desean fariseos anhelos de paz y felicidad a individuos que ni si quiera conocen, e incluso codician conocer en persona al Padre Todopoderoso.
En todos los casos, al no conseguir esas metas, afloran atroces sentimientos como culpabilidad, impotencia, sentimiento de inutilidad, ansiedad o disforia. 
La realidad es que no terminamos de hacer recuento de objetivos conseguidos en el año que dejamos cuando ya estamos con la planificación anual del próximo ejercicio de nuestras decrépitas vidas, convertidas en gestoras vitales de nuestra propia causa.
El problema reside en que pretendemos conseguir todos los propósitos. Y el resultado es el solemne desastre: como mucho conseguimos cumplir nuestro deseo la primera semana, y a veces ni eso. Unos meses más tarde dejamos de pagar la cuota del gimnasio, habremos engordado como un cerdo camino del degolladero, volvemos a comprar el tabaco por cartones, y nos engañamos diciéndonos que será mejor intentarlo en verano, en vacaciones, que estaremos más sosegados.
El secreto es plantearse un único objetivo.
No se trata de fuerza de voluntad, sino de cambiar hábitos. Uno no se lava el esfínter tras defecar o se escurre  el pene después de miccionar  porque tenga mucha fuerza de voluntad, sino porque es lo que hace de manera rutinaria, casi siempre a la misma hora o en la misma situación. 
El hombre es un animal de costumbres, así que se trata de convertir nuestro propósito en una costumbre, algo que hagamos sin pensar y que incluso nos haga estar incómodos si un día no podemos hacerlo, como nos pasa cuando no nos purificamos el culo después de cagar.
Yo, para este año, me he planteado aprender una de las actividades más fascinantes que el ser humano puede experimentar: la peluquería femenina. 
Sí, peluquería, con dos cojones.
Una quimera después de toda una vida con inclementes temblores de manos. Un objetivo, sin duda, intimidante. 
La delicadeza y sobriedad de cada gesto, con movimiento hiperflexo de la muñeca. La  embriagadora experiencia de agarrar un peine redondo y descubrir el placer de tocar un cabello increíblemente sedoso, lleno de vitalidad. El sugerente arte de desprender con suavidad los pelos muertos y eliminar los posibles nudos. La evocadora oportunidad de ayudar a la mujer a recobrar la elasticidad y movimiento de sus mechones. Es como un vértigo creativo que te posee y durante el cual la inspiración te guía a dejar que los cabellos de la hembra apunten hacia arriba si la fémina es atrevida o hacia un lateral si es más tradicional.
Sin duda, apasionante.
¿ Cuál es vuestro propósito ?

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