viernes, 15 de julio de 2011

LA MORCILLA DE BURGOS

Me desperté sobresaltado, sudando y con el pulso latiéndome desorbitadamente. Maldije pasándome la mano por la frente y miré la hora en el reloj de números rojos que bailaban en el techo de la habitación. Eran las 2.50 AM. Llevaba un rato haciendo esfuerzos sobrehumanos por despertarme y huir de lo que estaba soñando. Una horrenda pesadilla basada en hechos reales que habían golpeado mis sienes como martillazos. Recordaba perfectamente la secuencia narrativa de los hechos y las imágenes que me habían atormentado en la pesadilla: mi terrible infancia. Recordaba como fui criado por una anciana ciega porque fue la única con tripas para desnudarme y cambiarme. No tuve amigos de juego ni gente que me sonriera en mi niñez. En la adolescencia flirteé con la idea de volverme homosexual porque comprendí que solo podían amarme de espaldas.
Mis orejas descomunales, mi marcado tartamudeo , los ojos saltones carentes de iris y pupila, y mi severo acné me habían conferido un aspecto aterrador, horripilante, espeluznante. Recordaba con aflicción como la gente de pueblos lejanos se acercaban a mi casa para tener oportunidad de escupirme y arrojarme alimentos en descomposición. En esos sueños que irrumpieron ruinmente en mi cabeza, rememoraba con desconsuelo como el cura del pueblo impulsaba con vehemencia que me arrojaran a la justicia de la hoguera ya que me veían como al mismísimo hijo del diablo.
Había llegado el gran día. La noche en la que Jacinta vendría a cenar, y con las lentejas y las morcillas de burgos que le prepararía, conseguiría lo que tanto anhelaba: copular con ella. Ya le propuse en una ocasión ir a fornicar. Ella pensó que era una empresa de alquiler de vehículos. Pobre desgraciada. Fregué mi apartamento en la dirección equivocada y me quedé atrapado en un rincón de la casa.
Me vestí con rapidez unos vaqueros desgastados, una camisa imperio, pecho palomo con mi mechón sobresaliendo por la camisola,  y unas sandalias blancas. El aire olía a lluvia, el cielo estaba gris y unas gotas dispersas golpeaban ya las baldosas de la calle. Emprendí  la cuesta que conducía al supermercado, con paso firme, creyéndome descaradamente atractivo, con mirada de galán, ademanes de señor y la sugerida picardía de un rebelde sin causa. Observé los perritos tristes atados fuera del supermercado. Cogí un carrito con una hoja de lechuga y entré en el hiper. Mientras me dirigía a mi destino, una chica enfundada en un chaleco fosforescente con un cartel que rezaba “NUEVA CREMA ABERDEEN, REJUVENECE TU ROSTRO EN 7 DÍAS. PARA HOMBRES Y MUJERES. TE SENTIRÁS MÁS ATRACTIVO/A”, repartía propaganda a todo aquel que pasaba y la quería recibir. Cuando estaba a un metro suyo, la chica bajó las manos, agachó la cabeza y dejó que pasara de largo sin siquiera hacer el gesto de darme la publicidad. Visiblemente irritado, paré mi marcha y le pregunté por qué me negaba la propaganda. La chica me respondió que no había crema en el mundo que pudiera rejuvenecer mi asquerosa cara de sapo. Hija de puta. Cabizbajo, pronuncié  un tímido hasta luego y emprendí el camino de la charcutería.  Estaba sudando, jadeando, con los riñones al jerez de tanto luchar con el puto carro. Habían marujas con su chándal y sus tacones  con un culo tan gordo que obturaban el tráfico. La Jessica, que estudiaba cada artículo detenidamente, lo comparaba con la competencia, lo sopesaba, analizaba ingredientes, fechas de envasado, caducidad, precios, etc. ¿Pero qué cojones mirará la muy desgraciada? Su Marido, cara de culo estreñido, a punto de soltarle la tercera hostia al niño de 5 años que lleva tres horas llorando por un chocolate que regala cromos de Pokemon. La hija mayor, de 18 años, llevando unos pantalones negros talla 46 a punto de estallar. La vieja que circula por el pasillo como Ben-Hur. Aquello era la jungla. Cargo el whisky, la coca-cola, los frutos secos y las lentejas. Quería comprar también un boomerang nuevo pero desistí al ignorar como deshacerme del viejo. Llegué a la charcutería y una decrépita anciana con moño se cruzaba la bata pidiendo ¼ de chóped. Salta el número 69 en el tablero rojo de la carnicería. Mi número. ¿Un presagio?. Tal vez. Una asquerosa charcutera, que se creía que trabajaba para Gucci me pregunta: -“ Que te pongo cariño?”-. Pero que se ha creído la muy zorra, si no me conoce de nada. –“ Póngame un paquete de morcillas de Burgos”- le respondí.”-¿Algo más cielo?-“No, eso es todo puta!”-le repliqué contrariado. No hay cosa que más me cabree que me traten como si me conocieran de toda la vida. Al cargar las morcillas en el carro, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aquellas butifarras tenían un aspecto familiar, tremendamente conocido.Saltaron las alarmas dentro de mí, empecé a sudar, me faltaba el aire y la ansiedad cubrió la poca elocuencia que aún tenía. Noté que iba para atrás, vacilé un poco perdiendo el equilibrio y caí de espaldas. No!, No!, Otra vez no!.Dentro del paquete de morcillas, había un pene. Uno de aquellos falos que tanta angustia me producían:



27 comentarios :

  1. Jajaja,pero qué bruto es usted. Jacinta debe ser miope, otra cosa no entiendo. Por un momento pensé que compartíamos supermercado, pero por desgracia ,en el mío, no venden morcillas de ese estilo, será que no son de Burgos.

    Bueno provecho. Seguro que Jacinta no nota la diferencia.

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  2. jjaaajajajajaja Muy bueno¡¡¡¡Se comió la morcilla burgalesa?¿

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  3. Brutal, de ensoñación , paranoide y surrealista, sin más con ese título tan peculiar de blog, la charcutera se las trae!!!!

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  4. Pues esas morcillas están riquísimas....

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  5. Jodidamente divertido. Menudo crack. Me saltan las lágrimas!!!

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  6. Su obsesión fálica es patológica Don Anastasio.

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  7. Quien se comio esa morcilla de burgos usted o jacinta?
    como siempre la curisidad mata a la felina :)

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  8. Apreciada Aina, Apreciada Felina
    Jacinta se comió 6 morcillas. Las 5 del paquete más...

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  9. Umhhhhh! que sabrosas estarán a la brasa ;)

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  10. Enhorabuena por sus 100.000 visitas sr, Prepuzio.
    Excelente post.

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  11. Tienes una gran calidad narrativa, y buen humor, aprovecha ambos, pero crea un nuevo personaje.
    Por cierto,¿cómo te fue con la Jacinta?
    Un abrazo.

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  12. jajjaja...jo!! que bien te lo pasas..

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  13. Usted tiene una obsesión patológica con los penes. Consulte con un profesional.

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  14. Jodedr qué bueno Tasio! Te has lucido!

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  15. Que divertido, emocionante y cuánta tensión leyendo el texto. JAJAJAJJAA. Vaya con las morcillitas... espero no tener que encontrarmelas en el plato al menos hasta que se me olvide este texto (aunque creo que ya es demasiado tarde, después de leerlo dudo que no lo recuerde)
    Carpe diem!

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  16. Apreciado Carlos,
    Agradezco gustosamente su crítica. En las próximas semanas ya tenía previsto presentar a mis padres y a mis hermanos Godofredo y Hurraca, que sin duda protagonizarán alguna de mis absurdas historietas.
    Gracias de nuevo y un abrazo.

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  17. Estupendamente ,divertido me has hecho reir a lo loca
    Gracias
    Buen fin de semana!!!!
    Pili

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