miércoles, 4 de diciembre de 2013

EL TÚNEL DEL TERROR


El irritante aleteo de unos hercúleos murciélagos me despierta en medio de la lobreguez.
El sudor gotea por mi exiguo entramado de cabellos que conforma ese creativo peinado que utilizamos quiénes adolecemos de cuero cabelludo.
Me incorporo sobre los codos, febril, azorado, escrutando mi alrededor sin llegar a reconocer el inhóspito lugar dónde acabo de recuperar el dominio de mi burda conciencia.
La oscuridad reinante, saturada de niebla, resulta casi palpable, como si tuviera un fino vendaje atezado sobre mis ojos.
Hiperventilo emitiendo psicofonías en suajili.
Disnea, náuseas, incontinencia fecal.
La humedad es sofocante. Un calor calígine desciende por la espalda, rocía mis muslos, empapando mis glándulas testiculares, el velludo surco de mis nalgas.
Ya erguido, oigo caer una gota en un efervescente charco invisible.
Mis sentidos se agudizan cual hurón acechado por su depredador.
Con presteza, me lanzo al suelo y serpenteo mi orondo cuerpo hacia la pared, hurtándolo a las miradas que puedan provenir de lo más recóndito de la oscuridad.
El paredón es áspero, mucilaginoso, cuajado de frondosas protuberancias abruptas.
¿ Dónde coño estoy ?- susurro acojonado.
El eco de mis palabras, distante y amortiguado, resuena en la oquedad insondable de lo que parece ser una inextricable espelunca en forma de lúgubre cueva.
La madriguera cavernosa destila una horrísona podredumbre de metales pesados, dársena y tuberculosis. El pútrido hedor penetra hasta el último rincón de mi cerebro.
Me acuerdo del mechero custodiado por el bolsillo de mis pantalones.
Atizo al encendedor y lo mantengo en alto arrojando una luz nerviosa que ilumina la vasta caverna.
De las paredes, revestidas por una bermeja túnica mucosa, afloran innumerables abscesos viscosos que parecen palpitar con vida propia. Expelen flujos epidémicos.
El suelo es como una mullida alfombra ambarina que exhala infectos vapores.
Permanezco impertérrito ante las inmundicias que se alzan ante mí.
El mortuorio mutismo de la de la cueva es solo roto por la sonora percusión de los aullidos de los murciélagos. Observo perplejo cómo los quirópteros, fruto de la evolución,  lucen pequeñas máscaras en sus hocicos para protegerse de los corrosivos gases.
Con andar errático, camino despacio, paso a paso, cabeza hacia atrás y los brazos gilipollescamente extendidos. Pasos giróvagos por espumosas marismas y arenales gelatinosos.
Mi instinto de supervivencia mitiga el dolor abrasador del dedo pulgar que mantiene encendido el mechero.
Dirija dónde dirija mi briosa vista, no logro encontrar ningún objeto que me sirva de referencia para alcanzar el camino de salida.
Emulando la perspicaz estrategia de aquella legendaria fábula, eyaculo cada veinte metros como sagaz huella para hallar el camino de vuelta.
Avanzo unos metros más.
Mi encendedor comienza a expirar.  Pronto estaré perdido, a merced de la negrura total de las entrañas de la tierra.
Bajo la luz evanescente, lanzo un exasperado grito de socorro.
Segundos después, el silencio ultraterrenal de la gruta es interrumpido por insidiosos y siniestros sonidos que erizan mi vello púbico.
Una musculosa y espigada alimaña de un único ojo, como surgida de otra dimensión, penetra la cueva abarcando la mayor parte del espacio. Acompañada por un fétido hedor salífero, acomete contra todo lo que encuentra a su paso, esputando un pestífero líquido glutinoso.
Se desvanecen en la oscuridad las últimas chispas espasmódicas de mi mechero.
El gigantesco helminto extiende y contrae su níscalo macrocéfalo derribándome contra la pared.
Aturdido, me aferro a la vida con determinación ciega, implorando al ser supremo.
La forma lustrosa acomete de nuevo. Esta vez, con un golpe seco, atiza mis piernas, dejándome moribundo.
Tumbado en el suelo, cuasi mortecino, diviso en el fondo de la sima un débil resplandor.
Debe ser la carrera más rápida de mi vida. Alcanzar la abertura. Huir de este infierno.
Sabiéndome atrapado, consigo ponerme en pie, y evitando el tercer impacto, arranco vertiginosamente a correr.
Corro, corro y corro.
Veo como en el horizonte se va dibujando la escabrosa orografía de un monte circundado por onduladas laderas de densa y sucia vegetación. 
Estoy cerca. Lo voy a conseguir…



75 comentarios :

  1. JAJAJAJAJAJA
    Buenísimo.
    ue bestia es usted.

    ResponderEliminar
  2. Estimado Amigo Prepuzio:

    ¿Cada veinte metros? Quizá estemos hablando de un nuevo record Guinness... Esa misma idea para orientarse puede encontrarse en el famoso "Sobrevivir por cojones (Guía de supervivencia para empecinados" de Leandro Pófago.

    Un abrazo ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me estoy preparando para conseguirlo cada 7 metros,,,
      ¿ Algún consejo, mi estimado camarada ?

      Eliminar
    2. Francamente, Estimado Amigo Prepuzio... mis habilidades en tales artes no me colocan en el papel de aconsejar y sí en el de estar abierto a la sabiduría de otros. ;)

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. Bienvenido es a tan ignominioso blog, Sr. Soriano,,,

      Eliminar
  4. Joder mr. Prepuzio, la legendaria fábula a la que hace referencia, a mi me la contaron en su versión de migajas de pan.
    Como cambian lo cuentos...

    ResponderEliminar
  5. CONSERVAS DANI anda buscando apropiarse de los derechos de explotación de la cueva.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mejillón hispánico.
      Ya visualizo la marca comercial,,,

      Eliminar
  6. Ostias¡
    Huelo el olor a pescado desde aquí¡

    ResponderEliminar
  7. Ja Ja Ja
    Suerte que encontró la salida principal, porque el otro agujero de salida, acojona.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por la otra salida no lo hubiera conseguido,,,
      Oportuna observación Don Vasilio,,,

      Eliminar
  8. ¡Es un relato repugnante!
    Felicidades!!!

    ResponderEliminar
  9. Lo que pagaría yo por perderme en esa cueva del terror.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿ 1.000 € le parece mucho ?
      Yo dispongo de las coordendas,,,

      Eliminar
  10. La alimaña de un solo ojo entiendo que es un eufemismo de polla, cipote, manubrio, pollón, nabo, dedo sin uña, etc...
    Me equivoco?¿

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No.
      Está usted en lo cierto,,,
      Muchas gracias por su ilustrada aportación.

      Eliminar
  11. Por Diox!
    Vígilese el trastorno por estrés postraumático.

    ResponderEliminar
  12. Conociéndole, me extraña que no hubiera chupado las paredes.

    ResponderEliminar
  13. Estas loco tio deja de fumar lo que fumas

    ResponderEliminar
  14. Como botánico por vocación debo decir que la vegetación del monte es preciosa.

    ResponderEliminar
  15. Es usted un gilipollas como la copa de un pino.

    ResponderEliminar
  16. Bien podrìa titularse este fantàstico relato « 20.000 leguas de viaje intrauterino ».
    Un saludo a tod@s los capullos.
    Yoyas.

    ResponderEliminar
  17. Que mente más sucia tiene usté, jajajaja

    ResponderEliminar
  18. Acabo de sentir una punzada en mi corazón al ver la misteriosa caverna.

    ResponderEliminar
  19. LOL
    Lo de las eyaculaciones me mató de risa.

    ResponderEliminar
  20. ¡ Coño! ( Y nunca mejor dicho )
    Una historieta espeluznante.

    ResponderEliminar
  21. ¿ De Dónde saca esas fotos Anastasio ?
    Le dejo un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De todo lo que nos rodea amiga Maite, está en nuestro alrededor,,,

      Eliminar
  22. Incapaz soy de imaginar la cueva inundada de líquido menstrual.

    ResponderEliminar
  23. Jo Jo Jo
    Aplaudo horrorizado este miserable post.

    ResponderEliminar
  24. Asociando esta entrada con la anterior, la cueva es la de la Caballé?

    ResponderEliminar
  25. Jajajaja, pobrecito mío, qué miedo debiste pasar.
    Y aunque tu relato es super original, dando asquito en algunos momentos, a mí me ha puesto cachonda imaginarme a un hombrecillo dentro de mí, surcando las paredes, saliendo al exterior, toqueteando por aquí y por allá....eso sí, espero que de paso se lo currase un poquito.
    Cuando inventen la maquinita esa de encoger a las personal al estilo de "cariño, he encogido a los niños", pienso dispararte, que lo sepas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo me puedo encoger hasta la medida que usted desee, amiga belkis,,,
      ¿ le apetece que haga surf por sus entrañas ?

      Eliminar
  26. En cierta ocasión tuve la desgarradora experiencia de visitar un cueva similar. Muy similar.

    ResponderEliminar

Amable visitante:
Es usted libre de inmortalizar su interesante opinión y/o vilipendiar al autor de este absurdo blog si lo considera oportuno.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...