miércoles, 6 de noviembre de 2013

ÉXTASIS

La lánguida luz del fanal que custodia la lóbrega esquina, intenta medrosamente abrirse paso a través de unos escabiosos y deshilados visillos, hasta el interior de la alcoba de este grotesco motel en el que he acabado refugiándome para pasar la noche.
Una claridad todavía embrionaria empieza a pigmentar el cielo, desnudo de nubes, con la rosácea transparencia que precede a un día luminoso, acerba diacronía de la tenebrosidad dónde me encuentro sumido.  
Mi boca, salpicada de esperma,  tumefacta, supurando cárdeno flujo ulcerado, me duele horriblemente. 
Abrazado a mis rodillas junto a la ventana, tal estúpida quinceañera melancólica, dejo transcurrir, consternado, las largas horas de la madrugada. Percibo con nitidez los jadeos del viejo burdel que el sigilo noctívago distorsiona dotándoles de propiedades perturbadoras y significados sicalípticos. 
Me siento mancillado, sucio, denigrado. 
Registro los harapientos bolsillos de mis pantalones, y de entre un kleenex petrificado, tomo las dos grageas de ácido lisérgico con las que aquél toxicómano pagó mi servicio, una nauseabunda felación callejera, mi única forma de conseguir ingresos estas últimas semanas.
Encojo los hombros en conformista disposición, y con un sorbo de brandy, tomado de la sabulosa botella de cristal que reposa junto al camastro, engullo ambas dosis en cuyas minúsculas caras llevan esculpidas una tétrica representación del gazapo del Playboy.
Llevo a cabo la ingestión de las píldoras psicotrópicas discurriendo que, dadas las circunstancias, son lo más parecido a un ágape.
Me dispongo a esperar que el estupefaciente produzca efecto.
Durante casi una hora no percibo sensación alguna, nada que invierta este millonésimo y estruendoso zumbido en el cerebro que me injuria y se burla de mi condición de meretriz, pero al poco comienzo a percibir un zarandeo en la cabeza, advirtiendo como el suelo y la pared en la que gravito se licuan como manteca caliente.
Mi inconexión con la realidad y la sensación de bienestar postergan mis sufrimientos.
Me siento ingrávido, liviano, vaporoso, aguachinado en un éxtasis de sosiego e invulnerabilidad, como si hubiera retornado al útero maternal, que me cobija estuoso y protector.
Escucho vociferar al gres y a las paredes emitir perniciosas risas que terminan en expectoración.
Creo que soy un afamado actor, dipsómano de sexo, barbitúricos, excesos y glamour. Sudo purpurina. Cabalgo sobre centenares de unicornios de inenarrables coloraciones que unas veces relinchan con lasciva seducción y otras salmodian en centenares dialectos distintos, pero perfectamente inteligibles.
Oigo vítores, ovaciones, lisonjas.
Cientos, miles de Playmobils, de matices cambiantes, que al intentar beber derraman el aguardiente por su espalda, corean mi nombre.
Me emociono por el apego que se hace palpable en el cómplice destello de miles de ojos linóleos que me acarician, envolviéndome por un amor casto y lumínico.
Las risas forman palabras, y éstas canciones. Todos cantamos. Lo hacemos en hebreo, sin conocer su significado. El caos, el dislate, surrealista y placentero, espasmo primigenio, es ensalzado en su sentido inmanente.
Mi cabeza  es puro vahído, una espiral de aprecio en pura ascensión.
Intento ejecutar el célebre giro de David Bisbal. Parezco María Jiménez.
Los pequeños títeres de plástico se ríen de nuevo con fuerza, la expresión más armoniosa de la felicidad. Carcajeo con ellos en suprema comunión.
El brandy empieza también a realizar su efecto. Percibo cierta destemplanza intestinal. Mi estómago se remueve ahora con furia, dolor en las vísceras, músculos y ligamentos en tensión. 
Acompañado por la legión de juguetes de plástico,  con temblores que desestabilizan mi artificioso caminar, me dirijo al aseo. 
Apoyo mis velludos apoyaderos en el retrate y procedo a constreñir con desvelo el punto caliente de mi vientre, mientras mis nuevos amiguitos, amenizan el sórdido momento tocando una bella melodía con el xilófono. 
Tras hercúleo esfuerzo logro expeler una hez gigantesca, soberbia, mayestática, un titánico  sedimento sanbernardiano. Una auténtica obra de arte, un primoroso zurullo de al menos cuarenta centímetros de émbolo terroso, de pulido virtuoso, inaudita legumbre de mis vísceras. Atónito advierto cómo el perfecto mojón se desliza por el talud de porcelana, elegante, etéreo, seráfico. Oigo cómo las polímeras marionetas vitorean de nuevo mi nombre.
-¡TÓ-MA-LO! ¡ TÓ-MA-LO!- gritan presos por la enajenación, por la autocracia de los contrarios a ordenar el caos.
Sin dudarlo un instante, tomo el zurullo con frenesí, con entusiasmo, cautivo por la pasión.





82 comentarios :

  1. Ternura, fétida, pero ternura.
    Si usted en el fondo es un romanticón.

    ResponderEliminar
  2. Realmente un postio asqueroso.
    Lo del los playmobils bebiendo aguardiente me ha matado.
    Muchas gracias por este mezquino relato.

    ResponderEliminar
  3. Estimado Amigo Prepuzio:

    Veo que, poco a poco, se deja usted llevar por el Realismo y la crónica social... Sí. Ya sé que es lo que hay... pero es que a veces la Realidad es tan... tan... densa.
    ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Real como la vida misma, y es que la realidad, supera la ficción,,,

      Eliminar
  4. Me limpio el culo en su honor.
    En un momento de recogimiento me surge la duda de si llegó a eyacular.

    ResponderEliminar
  5. ¡Gracias, Gran Espíritu, por haberme concedido encarnarme en un planeta donde hay gente sin tabúes!
    Es usted un depravado, jajajaja

    ResponderEliminar
  6. jajajajaja es ud tan burro que merecería ser el animador de los políticos al uso
    amén.
    salut,,,pequeño animal.

    ResponderEliminar
  7. ¡Horreur! ¡He vivido en mis propias cannes la experiencia que cuenta Her Prepuzio!
    En mi caso con los truños de mi perro :S

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Explíquese.
      Ansiamos saber más acerca de su experiencia canina,,,

      Eliminar
  8. Inenarrable, me ha noqueado usted con la soberbia estampa final.

    ResponderEliminar
  9. Al éxtasis he llegado yo al ver la peazo foto final.
    Jajajajaja que animal.

    ResponderEliminar
  10. Tecleo después de retorcerme por el suelo tras leer este terrorismo escatológico-coprofílico.o_O

    ResponderEliminar
  11. Hoy me ha decepcionado, mein her.
    El relato, exquisito, as usual, pero el final es decepcionante.
    Esperaba que hubiera engullido la "inaudita legumbre se sus vísceras".

    ResponderEliminar
  12. Está usted muy enfermo, pero mucho.

    ResponderEliminar
  13. Jamás volveré a ver el fruto podrido de mi estómago con los mismos ojos.
    Muchas gracias Anastasio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No se merecen Don Agustín.
      A su entera disposición,,,

      Eliminar
  14. Interesante peinado el de su pene...

    ResponderEliminar
  15. Usted debería ser disciplina de obligado estudio para los alumnos de psiquiatría.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sería un honor para mí,,,especialmente si los alumnos son féminas,,,

      Eliminar
  16. Respuestas
    1. Así lo haré,,,
      Vuelva en 10' y mírele el ojo,,,

      Eliminar
  17. Que tun pan pan que tun pan que tepe tepe
    Éxta Sí - Éxta-no, exta me la tiro yo.

    ResponderEliminar
  18. Toma suplementos de hierro?¿
    Lo pregunto por la coloración del furullo.Mal aspecto....

    ResponderEliminar
  19. Lo que pagaría yo por una sesión de psicoterapia con usted.

    ResponderEliminar
  20. Descojone con los de los playmobils.
    Náuseas con el final.

    ResponderEliminar
  21. Estoy con Mr. triky.
    Tiene muy mal aspecto el excremento.

    ResponderEliminar
  22. Que harte tiene usté para relatar lo bizarro.

    ResponderEliminar
  23. A juzgar por las fotos de los último relatos puedo asegurar que es usted judío.

    ResponderEliminar
  24. Normalmente hago trampa y veo la foto del final antes de leerte; hoy no lo hice, así es que imagina cómo se me ha quedado el cuerpo tras leer que "sudabas purpurina", yo toda encantada en un mundo de hadas y unicornios, y llego al final y me encuentro...joéeer qué asquito!
    No es por el zurullo en sí, ojo, que todos y todas cagamos. Pero alma de Dios, en serio no tienes mejor sitio donde meter la polla?
    Aiggg qué asquito....ahora que había quedado para merendar!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Desgraciadamente no tengo más dónde meter mi viril miembro,,,
      Ansioso estoy por una cita que tengo pendiente,,,

      Eliminar
  25. Anastasio, Anastasio,
    Hoy se ha pasado. ;)
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Otro para usted.
      Intentaré ser más pulcro en mis próximas entradas,,,

      Eliminar
  26. Un relato apetitoso donde los haiga, oiga.

    ResponderEliminar
  27. Mi playmobil me ha sorprendido leyendo este relato. Sospecho que esta noche se va a negar a masturbarme... ahora que me tenía cogida la medida...

    ResponderEliminar
  28. Qué animal es usted.
    Le dejo un beso.

    ResponderEliminar

Amable visitante:
Es usted libre de inmortalizar su interesante opinión y/o vilipendiar al autor de este absurdo blog si lo considera oportuno.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...