sábado, 9 de abril de 2011

LOS RESULTADOS DEL URÓLOGO

Hoy escribo estas palabras desde mi lúgubre silencio,  afligido, atormentado, vilmente desazonado. En este momento siento una despiadada rigidez en mi pierna izquierda. Comienza el temblor. Retornan los espasmos en el brazo derecho. Me doy cuenta que hace dos horas me tomé la medicación a base de supositorios del tamaño de un pepino. Apenas falta una hora para  consumir por vía rectal la siguiente dosis. Me froto con impetuosidad los eczemas inguinales, que palpitan hinchados, atrozmente inflamados, acardenalados como si fueran epidermis de glande. Sangran mis uñas, y la colérica rascazón me obligaba a arañarme como un poseso. Rabio de dolor. Me desabrocho el pantalón revelando un cuerpo deforme, grotesco, ensanchado de parásitos. Sigue la tirantez en la pierna, y el hombro izquierdo se contrae y se eleva. Aparece el dolor y los calambres musculares. Más que el purgatorio esto parece la antesala del infierno. Devoro mikados como si fuera un castor en un burdo intento para sosegarme. La pruebas médicas revelaron una insólita patología genital. Hace ya un mes del chequeo. Hoy debo recibir los resultados. Desde entonces vivo abatido. La incertidumbre me corroe. Tengo el corazón oprimido y maltrecho, sumergido en la más pura e inmunda depresión. Maldita incertidumbre. Ésta se alimenta de mi soledad, de mi angustia, de mi sufrimiento, de mi nerviosismo, de mi desesperación. Le agrada verme llorar, verme deprimido. Su bebida preferida son mis desesperadas lágrimas. No encuentro muchas razones para seguir. No entiendo cuál es mi razón de ser, para qué vivo y existo. Ni imaginarme feliz puedo. He perdido hasta ese mediocre recurso para seguir viviendo. Esta espera me corroe, me carcome, me consume las entrañas. ¿Viviré?. Tal vez. Desvarío. Todavía espero que Amaya Montero escriba la canción más bonita del mundo. Siento ganas de llorar. Pero no puedo. No puedo...no puedorrr! Y ese sentimiento, esa sensación, va creciendo y se hace más fuerte, esa opresión en el pecho, es como una prensa que no me deja respirar, me duele, me castiga, me escupe. Solo quiero estar solo y a oscuras, que nadie se acerque, que nadie me vea.

Suena el timbre. Con las piernas trémulas, gimiendo por el dolor de mi entrepierna, me levanto de la butaca. Es un decrépito cartero con un sobre blanco. Recojo la carta certificada con las manos tan temblorosas como mi voz. Son los resultados de las pruebas médicas que tanto ansiaba recibir. Abro la carta rompiendo el sobre. El corazón me late con tal fuerza que parece no haber envejecido con los años. Me armo de valor para leer los resultados....Respiro aliviado. Falsa alarma.




16 comentarios :

  1. Qué partida de risa, por Dios!!!! Menudo crack!

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  2. El carmín era de una 'gótica'?

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  3. Ja, ja, ja, muy bueno. Pero cuidado, porque Carmen de Mairena utiliza carmín envenenado.

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  4. Suerte que no se lo amputaron...

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  5. Divertidíssssssssssssimo¡¡¡¡

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  6. Qué bueno¡¡¡¡¡ juas>juas¡¡¡¡¡

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  7. Propongo que nos escriba un relato tipo escatológico como el que nos cuenta que se ha enamorado ó cuando conoce a los padres de Jacinta, pero más largo.
    ¿Accederá a mi petición?

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  8. Apreciado Carlos,

    Ahora comprendo el comezón irreprimible en el glande...

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  9. Apreciado Bobinf3,

    Prepararé un relato con las peculiaridades que Ud.solicita.

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  10. Sabes que muchos medicos se equivocan con los resultados de las pruebas.........?????
    jajajjajajaja

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